A comienzos del siglo XX, salir a la calle con la cabeza cubierta formaba parte de la manera de vestir de amplios sectores de la sociedad. Sombreros, gorras y boinas no eran únicamente prendas prácticas o complementos de moda: también podían hablar de la posición social, la profesión, la edad o el entorno de quien las llevaba.
Cien años después, la situación era muy distinta. Cubrirse la cabeza había dejado de estar sujeto a códigos sociales tan rígidos y el sombrero, la gorra o la boina podían elegirse con mucha mayor libertad por estilo, comodidad, tradición, función o simplemente gusto personal.
Entre esos dos momentos se produjo una transformación profunda. Los cambios sociales y generacionales y la progresiva relajación de los códigos de vestimenta modificaron también nuestra relación con las prendas de cabeza.
En La Favorita, esta historia tiene una dimensión especialmente cercana.
La sombrerería fue fundada en Madrid en 1894 y permaneció activa durante todo el siglo XX: desde una época en la que cubrirse la cabeza era parte habitual del vestir hasta otra en la que hacerlo se había convertido en una elección mucho más personal. Una historia familiar que hoy alcanza ya cinco generaciones de sombrereros.

A comienzos del siglo XX, cubrirse la cabeza era parte del vestir
Para comprender cuánto cambiaron las cosas durante el siglo XX hay que partir de una diferencia fundamental respecto a nuestros días: las prendas de cabeza tenían un peso social mucho mayor.
Y no daba igual llevar una u otra.
En la España de las primeras décadas del siglo, sombreros, gorras y boinas podían funcionar como signos visibles de diferencias sociales. Los historiadores Juan Francisco Fuentes e Isabel Martín Sánchez, de la Universidad Complutense de Madrid, han estudiado esta dimensión a partir de fotografías, prensa, carteles, filmaciones y testimonios de la época. Su investigación muestra una asociación habitual de la boina con las clases populares y del sombrero con las clases medias y altas, al menos durante buena parte de la primera mitad del siglo XX.
Boina/sombrero: una dicotomía social y simbólica en la España del siglo XX
No debemos convertir esas asociaciones en reglas absolutas. La realidad era más compleja y las fronteras podían cruzarse. Precisamente por eso resulta tan interesante observar las fotografías de la época: las prendas de cabeza formaban parte del lenguaje social.

Sombrero, gorra y boina no significaban lo mismo
La historia de la sombrerería no puede explicarse únicamente como una sucesión de modelos. Las prendas también adquieren significados a través de quienes las utilizan y del contexto en que se llevan.
Fuentes y Martín Sánchez documentan en fuentes del primer tercio del siglo XX expresiones como «gorra obrera» o «gorra del obrero». La gorra tenía una asociación especialmente urbana y obrera, mientras que la boina estaba más vinculada al mundo popular y rural. El sombrero, por su parte, mantenía una presencia destacada en los códigos indumentarios de las clases medias y acomodadas.
Pero estas fronteras tampoco eran inamovibles. Elegir una prenda asociada a otro grupo social podía ser precisamente una forma de construir una determinada imagen o identidad.
Por eso una gorra, una boina o un sombrero podían decir mucho más en 1920 que el simple hecho de que alguien quisiera cubrirse la cabeza.

Los años veinte: el cloché y una nueva silueta femenina
Los años veinte ofrecen uno de los ejemplos más claros de cómo los cambios estéticos y sociales podían transformar también la sombrerería.
El cloché se convirtió en una de las formas características de la época. El Museo del Traje conserva diferentes ejemplares de hacia 1920 y documenta cómo esta tipología se integró en la nueva imagen femenina de la década.
El cloché presenta un característico contorno de campana y una copa profunda que se ajusta a la cabeza. El Museo del Traje sitúa sus primeros desarrollos antes de los años veinte y documenta su permanencia hasta comienzos de los treinta. El fieltro fue uno de los materiales utilizados, aunque también existieron versiones estivales realizadas en diferentes tipos de paja.
Su éxito estuvo estrechamente relacionado con la nueva silueta femenina y los cabellos cortos à la garçonne. El sombrero se llevaba completamente encajado y acompañaba una estética muy diferente de la que había dominado en las décadas anteriores.
No era, por tanto, simplemente otro sombrero de moda. Su forma nos ayuda a comprender cómo la sombrerería se adaptaba a nuevas maneras de vestir y de presentarse socialmente.
Cuando prescindir del sombrero también adquirió significado
Si llevar sombrero podía expresar posición, costumbre o pertenencia social, no llevarlo también podía terminar diciendo algo.
Fuentes y Martín Sánchez prestan especial atención al denominado sinsombrerismo, una actitud transgresora en la que intervinieron factores generacionales y de género. En una sociedad donde cubrirse la cabeza todavía formaba parte de códigos indumentarios muy reconocibles, prescindir deliberadamente del sombrero podía adquirir un significado propio.
Este punto es importante porque anticipa uno de los grandes cambios que recorrerá todo el siglo.
La evolución de gorras y sombreros no consiste solamente en que unos modelos fueran sustituyendo a otros. También cambió la propia necesidad social de llevar algo en la cabeza.
Los años treinta: las prendas de cabeza como parte del paisaje social
Durante los años treinta, sombreros, gorras y boinas seguían formando parte del paisaje cotidiano.
La investigación histórica sobre la España del periodo permite encontrar diferencias significativas entre ambientes y grupos sociales. La boina y el sombrero podían actuar como símbolos reconocibles de realidades sociales distintas, mientras que la gorra tenía también una presencia característica en ámbitos urbanos y obreros.
No significa que podamos identificar automáticamente la ideología, profesión o clase de una persona por aquello que lleva en la cabeza.
Precisamente ahí debemos ser prudentes.
Las asociaciones existían, pero la historia social de la indumentaria es mucho más compleja que una equivalencia del tipo «esta prenda significa necesariamente esta ideología».

Guerra y posguerra: las costumbres no cambiaron de un día para otro
La Guerra Civil transformó profundamente la sociedad española, pero no produjo una sustitución sencilla e inmediata de unas prendas de cabeza por otras.
Sombreros y boinas siguieron teniendo una notable presencia después de la guerra. Sin embargo, el estudio de Fuentes y Martín Sánchez identifica una etapa de progresiva decadencia a partir de la Guerra Civil, especialmente en el caso del sombrero.
Esto es importante para comprender el proceso correctamente.
El sombrero no pasó de ser imprescindible a desaparecer de un año para otro. Durante los años cuarenta y cincuenta todavía estaba lejos de haber desaparecido de la indumentaria cotidiana.
Lo que se estaba transformando progresivamente era la relación social con estas prendas.
Los años cincuenta: el sombrero seguía presente
Mirar las imágenes de mediados del siglo XX permite corregir una idea demasiado sencilla: el sombrero no desapareció repentinamente.
Todavía formaba parte del vestir de muchos hombres y mujeres y conservaba importancia en determinados contextos y códigos de indumentaria.
Al mismo tiempo, boinas y gorras seguían formando parte de otros ámbitos y tradiciones.
Para La Favorita, además, 1959 es un año particularmente significativo.
Ese año se incorporaron al negocio los hermanos Federico y Maximino, miembros de la tercera generación de la familia Enguita.
13 de junio de 1959: las boinas que Ernesto «Che» Guevara compró en La Favorita
El 13 de junio de 1959, durante su paso por Madrid, Ernesto «Che» Guevara entró en La Favorita y compró varias boinas. La venta la realizó Maximino Enguita, segunda generación de la familia al frente de la sombrerería.
Según la memoria familiar conservada en La Favorita, Guevara no adquirió una sola pieza, sino varias unidades de la misma boina. No sabemos con qué finalidad: pudieron ser para regalar, para disponer de recambios o responder a otro motivo que desconocemos. No existe base documental para afirmarlo y, por tanto, es preferible dejar esa cuestión abierta.
Sí conocemos, sin embargo, la boina que compró: una boina básica negra de 12 pulgadas, sin badana y con forro. Es especialmente interesante que no se trate de un modelo desaparecido: La Favorita continúa comercializando actualmente este mismo modelo.
La historia de aquella visita y de la compra de las boinas forma parte también de los episodios conservados en la memoria de La Favorita.
Este último detalle establece un vínculo poco habitual entre la historia y el presente de la sombrerería. Más de seis décadas después de aquella visita, el tipo de boina que adquirió Guevara sigue formando parte de la oferta de La Favorita.
El episodio adquiere además interés dentro de la propia historia cultural de la boina. Fuentes y Martín Sánchez estudian cómo los significados sociales de esta prenda fueron transformándose durante el siglo XX y cómo, en los años sesenta, apareció también vinculada a nuevos referentes culturales y políticos, entre ellos el propio Guevara.

A partir de los años sesenta se acelera el declive del sombrero cotidiano
Uno de los grandes cambios del siglo XX se hace especialmente visible a partir de los años sesenta.
El sombrero había iniciado anteriormente un proceso de pérdida de presencia, pero en esta década su declive se aceleró. Fuentes y Martín Sánchez relacionan esta evolución con la crisis de los estrictos códigos de vestimenta del pasado y con una sociedad en la que las antiguas diferencias sociales tendían a expresarse de manera menos ostensible a través de la indumentaria. Estudio de Fuentes y Martín Sánchez en Historia y Política
No hubo un día concreto en el que la gente decidiera dejar el sombrero en casa.
Fue un proceso gradual.
Y esa distinción importa, porque evita una explicación demasiado simplista de la historia del sombrero: atribuir un cambio social tan amplio a una sola personalidad, una moda concreta o un acontecimiento aislado.
Lo que estaba cambiando era algo más profundo: la obligación social de cubrirse la cabeza.
El sombrero no desapareció. Perdió progresivamente una parte del papel que había desempeñado dentro del código cotidiano del vestir.
Mientras el sombrero perdía obligatoriedad, la gorra mantenía su propia historia
Hablar de la evolución de las prendas de cabeza durante el siglo XX exige evitar otro error: presentar la gorra simplemente como la sustituta moderna del sombrero.
Su trayectoria es distinta.
Como hemos visto, la gorra ya tenía una presencia reconocible en ambientes urbanos y obreros durante las primeras décadas del siglo. Fuentes y Martín Sánchez destacan precisamente su carácter más urbano e internacional, frente a algunas de las asociaciones territoriales y rurales de la boina.
Además, conviene hablar de gorras, en plural.
En sombrerería existen construcciones y tipologías diferentes. Una gorra clásica no debe confundirse automáticamente con una gorra de béisbol, y una gorra de 8 gajos presenta una construcción característica que tampoco puede atribuirse a cualquier gorra de aspecto tradicional.
Algunos de estos diseños han atravesado décadas manteniendo una construcción reconocible. Es el caso de las gorras de 8 gajos, cuya estructura y silueta permiten distinguirlas de otras gorras clásicas
Este es un punto donde entra el conocimiento sombrerero propio de La Favorita, no una fuente histórica externa.
El siglo XX amplió y transformó los contextos de uso de las prendas de cabeza. No asistimos simplemente a una competición en la que una reemplaza a otra.
De los años setenta al final del siglo: de código social a elección
En las últimas décadas del siglo, la distancia respecto a sus comienzos resulta cada vez más evidente.
La cabeza descubierta se había normalizado.
Eso no significó el final del sombrero ni de la boina. Significó una transformación de su función social.
Una persona podía escoger un sombrero por elegancia, tradición, protección, identidad o gusto personal sin que su ausencia supusiera necesariamente incumplir una convención cotidiana.
El estudio de Fuentes y Martín Sánchez muestra precisamente la evolución desde unas prendas fuertemente condicionadas por diferencias y códigos sociales hacia situaciones en las que el principio electivo, es decir, la decisión del propio individuo, adquiere mayor importancia.
Y ahí encontramos probablemente la transformación más importante de todas.
De obligación social a elección personal: el gran cambio del siglo XX
A principios del siglo XX, aquello que una persona llevaba en la cabeza podía comunicar mucha información sobre su posición, su entorno o su manera de presentarse ante los demás.
Al terminar el siglo, esas fronteras eran mucho menos rígidas.
El sombrero había perdido buena parte de su antigua condición de elemento habitual del vestir. La gorra seguía recorriendo sus propios caminos y contextos. La boina podía mantener vínculos con la tradición y determinadas identidades y, al mismo tiempo, ser reinterpretada desde la moda o la elección personal.
Las prendas permanecían.
Lo que había cambiado era nuestra relación con ellas.
Por eso hoy podemos llevar formas con décadas —y a veces siglos— de historia sin reproducir necesariamente los códigos sociales que un día las acompañaron.
Un siglo de cambios visto desde La Favorita

Cuando comenzó el siglo XX, La Favorita llevaba pocos años abierta.
Teodoro Enguita había fundado la sombrerería el 28 de septiembre de 1894 en el nº 25 de la Plaza Mayor de Madrid.
A lo largo de las décadas siguientes continuaron incorporándose nuevas generaciones de la familia.
La segunda generación estuvo representada por Maximino, hijo de Teodoro. Participaron también su esposa María y hermanas de la familia vinculadas a la confección de gorras. En 1959 se incorporaron Federico y Maximino, y María José lo hizo en 1980.
En septiembre de 2000, justo al final del periodo que estamos recorriendo, se incorporaron Marta y Freddy, miembros de la cuarta generación. Un año después, en 2001, creó la primera web de La Favorita.
No podemos utilizar esa continuidad para inventar qué ocurrió dentro de la tienda en cada década ni qué modelos se vendieron en un determinado año si no existe documentación que lo demuestre.
Pero hay un hecho que sí está confirmado: La Favorita permaneció activa durante todo aquel siglo de transformaciones.
La continuidad de la casa permite observar también cómo fue transformándose el propio trabajo detrás del mostrador. El oficio de sombrerero en Madrid ha cambiado con los materiales, la moda y las formas de comprar, aunque el conocimiento del producto y el asesoramiento siguen siendo parte esencial del trabajo
Desde una época en la que un sombrero, una gorra o una boina podían formar parte de un código social muy visible hasta otra en la que elegir una prenda para la cabeza era una decisión mucho más personal.
Gorras y sombreros: una historia que sigue evolucionando
El siglo XX no terminó con los sombreros ni convirtió las gorras en sus sustitutas.
Hizo algo más interesante: transformó sus significados y sus contextos de uso.
Hoy podemos elegir una prenda de cabeza por motivos que combinan función, protección, comodidad, estética, tradición y personalidad. Formas con una larga historia continúan reinterpretándose sin necesidad de conservar los antiguos códigos sociales que las acompañaron.
Para una sombrerería como La Favorita, conocer esa evolución forma parte también del oficio: distinguir tipologías, comprender su tradición y trabajar con ellas en el presente.
Porque la historia de las gorras y los sombreros no consiste únicamente en saber qué se llevaba en cada época.
También nos ayuda a comprender por qué seguimos llevándolos hoy.
Fuentes y documentación
Para elaborar este artículo se ha contrastado la documentación histórica de La Favorita Casa Enguita con fuentes académicas y museísticas especializadas. Los datos relativos a la fundación de La Favorita, las distintas generaciones de la familia Enguita, la continuidad del establecimiento y la compra de una boina por Ernesto «Che» Guevara en 1959 proceden de la documentación histórica de la casa.
Historia social de sombreros, boinas y gorras en España
Fuentes, Juan Francisco; Martín Sánchez, Isabel (2020). «Boina/sombrero: una dicotomía social y simbólica en la España del siglo XX». Historia y Política, nº 43, pp. 225-254.
Los autores, investigadores de la Universidad Complutense de Madrid, estudian la dimensión social y simbólica de estas prendas a partir de documentación iconográfica y hemerográfica y analizan cuestiones como las diferencias sociales asociadas a boina y sombrero, la gorra en el ámbito urbano y obrero, el sinsombrerismo y el progresivo declive de los antiguos códigos indumentarios.
Consultar el estudio completo en Historia y Política
Moda de los años veinte y sombrero cloché
Museo del Traje — Ministerio de Cultura. Colección y documentación de la exposición permanente dedicada a las vanguardias y la moda, con diferentes sombreros cloché conservados de hacia 1920.
La documentación del museo se ha utilizado para contrastar la construcción y evolución del cloché, su relación con el cabello à la garçonne y su integración en la nueva silueta femenina de los años veinte.
Museo del Traje — De pies a cabeza
Archivo histórico de La Favorita
La Favorita Casa Enguita. Archivo y documentación histórica propia.
Se ha utilizado para los datos relativos a la fundación de la sombrerería en 1894, la sucesión de generaciones de la familia Enguita, las incorporaciones al establecimiento durante el siglo XX, la compra de una boina por Ernesto «Che» Guevara el 13 de junio de 1959 y la incorporación de la cuarta generación al finalizar el siglo.